De la buena pintura se puede hablar con palabras sencillas, sin desmerecer ni su potencia visual ni su riqueza discursiva. Por eso, cuando Chechu Álava (Asturias, 1973) habla de la suya utiliza símiles fáciles de entender. Le gusta, por ejemplo, comparar su pintura con una matrioska rusa, la muñeca cuyo interior alberga una nueva muñeca y ésta, a su vez, otra. Es una imagen sugerente para mostrar cómo un mismo cuadro puede evocar distintos aspectos de un mismo universo.

 

Chechu Álava vive y trabaja en París desde finales del año 2001. Tras residir en Londres y Madrid, ha sido en la capital francesa donde ha consolidado una carrera que le ha permitido, por un lado, ahondar su conocimiento de la historia de la pintura y, por otro, estar presente en colecciones privadas de todo el mundo. Su obra reúne temas como género e identidad junto a indagaciones personales sobre la historia del Arte y su relación con la propia biografía. Álava reivindica su pertenencia a la rica tradición pictórica universal, a la vez que se siente comprometida con la tarea colectiva de permanente renovación de dicha tradición.

 

Así, ha sabido crear un estilo donde importa tanto el tema escogido como su materialización sobre el lienzo. Al pintar, Chechu Álava es consciente de estar frente a un acontecimiento que requiere pericia manual, agudeza visual y claridad intelectual pero también saber rendirse a aquellos otros movimientos, mucho menos obvios, que involucran azar, carácter y espíritu. Tras la aparente sencillez de sus cuadros, la artista desarrolla una práctica especialmente sofisticada: despliega un personalísimo sfumato que liga entre sí los elementos representados en un tiempo y destino único. En ocasiones, parece que el óleo abraza, con su manera sutil, la totalidad del mundo.

 

Junto a esto, la decidida voluntad de construir un imaginario eminentemente femenino convierte a la mujer en sujeto central de su obra, tanto en el desarrollo temático como en la composición visual. Desde sus inicios, Chechu Álava ha dado todo el protagonismo a las mujeres y a sus peripecias vitales; ha retratado su fortaleza y su talento, también su vulnerabilidad. Sus personajes se presentan sin miedo a mostrar cicatrices y flaquezas. Mujeres profundamente humanas que habitan un espacio propio, dueñas del papel que representan.

 

Chechu Álava es, por tanto, una artista con la ambición concreta de hacer de su pintura una herramienta que permita pensar el mundo actual pero, sobre todo, atisbar otros mundos posibles. La suya es una obra que se apoya en una potencia estética intensa y peculiar; que contiene, en su interior, nuevas lecturas de temas familiares, como sucedía en la matrioska que citábamos unos párrafos más arriba. Es, sin duda, un placer, para la Galería Alegría, poder albergar este personal universo pictórico que se sustancia en unos cuadros capaces de desplegar un campo de encuentro único entre artista y espectador.